.:: MEDITACIONES ::.
MED-2
AMADO SOBRINO
Amado sobrino. Durante mi primer viaje a España, tuve oportunidad de pasar unos veinte días en Alemania. Como aún no existía la Comunidad Europea, yo tenía que salir del país, porque ya estaba a punto de vencerse el plazo de tres meses de mi visado. Recibí entonces, una invitación para asistir a una Conferencia en Berlín. Fue lindo, un día te cuento. De los veinte días, once de ellos tuve el privilegio de pasarlos en la Hermandad Evangélica de María, en Darmstadt. Allí me encontré con Dieter, un muy amado sobrino, que estaba allí como uno de los hermanos. Bien, durante el día cosía, que era la manera como yo podía ayudarlos y después de cenar, salíamos a pasear por aquel “paraíso” que es Canaan. Durante nuestros paseos, recordábamos aquellos tiempos en que trabajaba con Desafío Joven, donde juntos habíamos ayudado a algunos jóvenes a salir de las drogas. En realidad, teníamos muchas cosas en común: amigos, visión de una Iglesia fuerte y fiel a la palabra, etc. En una de esas noches de disfrutar de los jardines de Canaan, yo estaba como siempre, contando historias de mi ministerio con la Iglesia y con los jóvenes. Dieter, entonces me dijo: Tía ¿por qué no escribe un libro con sus historias? Bien, para decir la verdad, en el momento quedé un poco entusiasmada. Después de hablar un poco sobre el asunto, fuimos a dormir porque allí la gente se recoge temprano. Como dije, entusiasmada por la idea, hasta llegué a pensar en un título: Historias de la Tía. Comencé a pensar en el tema y la verdad, es que al principio la idea hasta me parecía interesante, pero con el pasar del tiempo y de hablar con algunas personas, de esto hace ya más de quince años, fui perdiendo el entusiasmo y dejé el asunto en el “cajón de los sueños imposibles”. Lo tenía archivado en la carpeta de los “no consigo...”. Hoy, me desperté en mi horario habitual de la madrugada, comencé a orar y resolví enterrar a los “no consigo...”, y este asunto fue uno de ellos. Así, que cansada de oír a todo el mundo que me hablaba: “¿por que no escribe un libro?, resolví escribir contando esta historia. ¿Por que te estoy contando esta historia?. La verdad es que no sé porque, tal vez sea porque a los sobrinos, siempre nos gusta contarles historias o tal vez porque ustedes los sobrinos, tienen paciencia para oír a esta vieja, contar sus cuentos. Al final con tantos años de vida, tengo Historias de Tía para contar, ¿no es verdad? Tu también puedes llegar a ser Tío algún día... Pero eso ya es otra historia... Cariñosamente, Tía Arlete P.D. ¿Tú tienes muchas cosas archivadas en el cajón de los sueños imposibles? Aprovecha el momento y pega una miradita, pues puede ser que tengas, como yo, alguna cosa importante archivada. Sería bueno mirar las carpetas de tu vida y mirar lo que quedó dentro de los “ no consigo...” y recibir, como yo, la liberación de esa atadura que te impedía hacer exactamente aquello que el Señor quiere que hagas y que por calcular tus posibilidades o por oír la opinión de los “ amigos “, tal vez tengas algunas áreas de tu vida amarradas. Sabes, Él es poderoso y puede soltar tus ataduras y hacerte “ caminar con pies de ciervas en las alturas “. Hablando de desatar, ¿te acuerdas de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando Él les pidió a los discípulos que desatasen la asna y su pollino y se lo trajeran?. El burro es un animal de paz, de trabajo y no era usado para la guerra, solamente para el trabajo. Entonces, ¿desatamos la burra?... El Rey quiere usarla!. Al final, esta P.D. quedó un poco larga, ¿no? Hasta la próxima.
MED-3
Mayor es el que tenemos..
Mayor es el que tenemos.. Querido sobrino, Cuando éramos niños, los adultos nos parecían grandes y fuertes. No importaba si eran delgados, altos, gordos o bajos, delante de nuestros ojos y de acuerdo con nuestras fuerzas, eran nuestros gigantes y queríamos llegar a ser iguales como ellos. Cuantas veces nos decían: "Come, fulanito, para que puedas ser como tu tía o como tu hermano mayor”, que era un crío, poco más grande que nosotros. Hoy recibí un correo electrónico de una persona amada (¡menos mal que sólo recibo correo de gente amada!) que me recordaba que: ¡MAYOR ES EL QUE TENEMOS QUE AQUEL QUE ESTA EN EL MUNDO!. Me detuve, entonces, para pensar en todas las veces que "aquel que está en el mundo" me había amedrentado y dejé de pensar porque era mucho "pensar". Pero me recordé de una ocasión, cuando tenía siete años, ¡huy! ¡cuánto tiempo! Y mi madre me había preparado cuidadosamente para ir a la escuela. Estaba con mi mochila escolar, mi uniforme, mis cabellos cuidadosamente peinados en lindos tirabuzones (¡eran todo mi orgullo!). Y como la escuela estaba cerca de nuestra casa, en mi tranquila Jaborandy, iba solita, una grande hazaña, cuando yendo por una calle me encontré con un enorme "gigante" vestido con ropa de caballero, con sus botas negras que eran casi de mi misma altura, un látigo en la mano con el que jugaba dándose en las botas y me preguntaba si sabía donde vivía el Comisario de la Policía. Salía de su boca, una voz de bajo profundo que entró en mis oídos y retumbó en mi medroso corazón. ORA, el Comisario era la figura más temida de la ciudad y este gigante con voz de trueno ¡me preguntaba a mí que era una niña de siete años, donde vivía tal hombre! No se me ocurrió nada más que salir corriendo y gritando por las calles de aquella silenciosa ciudad, a plenos pulmones. El Comisario, que comía tranquilamente, en su casa, salió corriendo colocándose apresuradamente su cinturón y con su arma preparada, prontamente detuvo al agresor. Yo fui atendida por mi madre, totalmente ignorante de lo que ocurría, y es que al final aquel temible gigante era un amable cliente de mi padre, un amigo y excelente persona. Hasta que se aclaró toda la confusión, el pobre hombre pasó algunas horas en la cárcel. ¡Y yo casi me muero de la verguenza! Muchos años después, cuando fueron deshechos los tirabuzones de mi cabello y después de muuuuuchos gigantes en mi vida, fue que descubrí que ¡MAYOR ES EL QUE ESTÁ CON NOSOTROS, QUE AQUEL QUE ESTA EN EL MUNDO! Desde entonces muchas cosas cambiaron en mi vida, porque el verdadero GIGANTE PROTECTOR, está dentro de mí, tenemos una gran amistad, imposible de ser rota por cualquier situación o criatura. Él rompió mi miedo, mis ansiedades, mis angustias y colocó dentro mi pequeño corazón SU GRAN AMOR, por el cual yo sé que: NI LA MUERTE, NI LA VIDA, NI CUALQUIER COSA CREADA, SITUACIÓN O TEMOR, ME PUEDE SEPARAR DEL AMOR QUE DIOS ESTA DERRAMANDO EN MI CORAZÓN POR CRISTO JESÚS, A TRAVÉS DE SU ESPÍRITU SANTO. ¡ALELUYA! Si puedes leer lo que estoy escribiendo en esta fría mañana de invierno de Arenas de San Pedro, en la que puedo ver desde mi ventana las montañas nevadas, (¡qué hermoso!), espero que ÉL hable a tu corazón, con su FUERZA, para que te ayude a vencer a cualquier gigante que te esté atemorizando. No olvides, que MAYOR ES EL QUE ESTÁ CON NOSOTROS... ¿Está ÉL dentro de ti? Cariñosamente. Tía Arlete.
MED-4
Pijama ajustado de una sola raya
Pijama ajustado de una sola raya Querido sobrino: A pesar de la mañana tan fría, no puedo dejar de escribirte esta carta, contándote una historia. Espero que puedas ser bendecido con ella. Bien, comienzo: Había una vez un joven que era como muchos jóvenes de su ciudad. Rondaba los 20, 21 años de edad, cuando lo conocí. Nosotros vivíamos en una gran casa, donde convivíamos con otros jóvenes que intentaban salir de un mundo adonde nunca deberían haber entrado: el mundo de las drogas. Como sabes, yo estaba allí como la “ Tía”, que los ayudaba a salir de ellas. Cierta noche estaba vestido con sus vaqueros de siempre y sobre su camiseta tenía puesto la chaqueta de su pijama, porque estaba un poco frío y el pijama era de franela. Pues bien, cuando él entró en la sala, con aquella chaqueta de rayas, yo le dije: ¡tú estás tan delgado que tu chaqueta tiene solo una raya! Claro que era una broma, pero también era verdad que él estaba bastante delgado y tenía sus razones para estar así. La razón para estar tan delgado, era que él acababa de entrar en “nuestra casa”, para recuperarse y aún tenía en su cuerpo las consecuencias de su antiguo modo de vida. Algún tiempo después él compuso una música con el tema de su chaqueta de una sola raya, ¿te acuerdas? Decía así: Yo era delgado de dar pena, De sólo una raya era mi chaqueta, Más Jesús entró en mi desierto E inundó mi corazón... Esta mañana estaba pensando en la gran cantidad de personas que conozco, que a pesar de tener una buena apariencia física, tal vez hasta un poco más gorditas de lo que querrían, están espiritualmente “ delgados que dan dolor”. Tienen en su corazón tanta amargura, tristeza, angustia y tantas otras cosas que en verdad son iguales a las drogas que aquel “ joven “ tomaba y que hacían que él estuviese “ delgado de dar pena”. En mis setenta años de vida, he escuchado a muchas personas contar sus historias, sus penas, sus desencantos y veo, que en su mayoría, estas historias nos hablan de vidas que no tuvieron un verdadero encuentro con Jesucristo y quizás que hasta tuvieron alguna experiencia de salvación, alguna idea de conversión, pero en verdad no viven un día a día alegre y de tierna comunión con nuestro Amado Señor, que siempre nos espera para “entrar en nuestro desierto” e inundar nuestros corazones. Sus manos están llenas de toda clase de bendiciones para todos y cada uno de nosotros, bendiciones que en su multiforme Gracia, alcanzan a cada una de las áreas de nuestras vidas, allí donde sea más necesaria. Ahora te hago una pregunta, que a lo mejor ya te estabas haciendo: ¿Y por qué entonces, estamos tan “delgados” en algunas o muchas áreas de nuestras vidas?. ¿Por qué luchamos tanto y no llegamos a alcanzar aquello que buscamos o necesitamos? Detengámonos a pensar si realmente ÉL encontró la puerta de tu desierto abierta, para poder inundarte o tienes reservas por las que tus puertas no puedan abrirse para ÉL. ¿Quieres que yo te ayude con la respuesta? Es fácil. Quítate ese “pijama ajustado de una sola raya”, del que estás tan cansado y entra por las puertas del Amor sin igual del Padre Celestial, buscando en su presencia el revestimiento del Espíritu Santo y esa comunión con Él, de la que habla 2 Corintos 13:13. Eso si eres consciente de haber ya recibido la Gracia salvadora y redentora de Jesucristo y su perdón total de todo aquello de lo que se te acusa. Déjate caer en sus brazos y vas a ver como nunca más serás “ delgado de dar pena” en ninguna área de tu vida. Abre tus puertas y ¡déjate inundar por las aguas de su gran amor! Con cariño Tía Arlete